Mostrando entradas con la etiqueta Lovecraft. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lovecraft. Mostrar todas las entradas

Dos Poemas de Lovecraft (Vol 2)

jueves, 12 de enero de 2017


En esta sección vuelve el Maestro H.P Lovecraft. Dos poemas escritos de su puño y letra acompañados por un tema musical para lograr un ambiente acorde a la temática del poema. A disfrutarlos.





Azatoth
El demonio me arrastró por el vacío sin sentido.
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
Hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
Sino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad
Cosas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban
En vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
-Yo soy Su mensajero-, dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.

Los Jardines de Yin
Más allá de ese muro, cuyo tapial antiguo
casi tocaba el cielo con sus torres de musgo,
recordaba jardines suspendidos, con flores,
donde volaban pájaros, mariposas y abejas.
Recordaba senderos, con puentes que colgaban
sobre estanques de loto que reflejaban frisos
de templos. Y cerezos con hojas delicadas
contra un cielo rosado y en lo alto, las garzas.
Estaría allí todo, ¿pues no mis viejos sueños
abrieron esa red de linternas de piedra
donde vagan, confusos, arroyos somnolientos
que persiguen la sombra de las parras colgadas?
Me apresuré hacia el muro, gigantesco y sombrío,
y entonces descubrí que no hay ninguna puerta.

Un par de poemas de Lovecraft

sábado, 23 de julio de 2016


En esta sección como viene siendo habitual os dejo un par de poemas acompañados de música ambiental. Esta vez los poemas son  del maestro del horror y el suspense: Howard Phillips Lovecraft.
 






El Libro


El lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
en un laberinto de viejas callejas junto a los muelles,
que olían a extrañas cosas venidas de ultramar,
entre curiosos jirones de niebla que dispersaba el viento del oeste.
Unos cristales romboidales, velados por el humo y la escarcha,
apenas dejaban ver los montones de libros, como árboles retorcidos
pudriéndose del suelo al techo... huellas
de un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.

Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
cogí el volumen más cercano y lo leí al azar,
temblando al ver las raras palabras que parecían guardar
algún arcano, monstruoso, para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo y taimado vendedor,
sólo encontré el eco de una risa.


Hesperia
El ocaso invernal, refulgiendo tras las agujas
Y las chimeneas medio desprendidas de esta esfera sombría,
Abre anchas puertas hacia algún año olvidado
De viejos esplendores y deseos divinos.
Futuras maravillas arden en aquellos fuegos
Llenos de aventura y sin sombra de temor;
Una hilera de esfinges señala el camino
Entre trémulos muros y torreones hacia liras distantes.

Es la tierra donde florece el sentido de la belleza,
Donde todo recuerdo inexplicado tiene su raíz,
Donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo
Por el vasto abismo en sueños de horas iluminadas por las estrellas.
Los sueños nos acercan... pero un saber antiguo
Repite que el pie humano jamás ha hollado sus secretos.