Robert E. Howard compuso este poema en una carta a su amigo Tevis Clyde Smith. Mi traducción del poema es amateur pero está hecha con cariño. Espero que os guste.
¿Pero quien es ese que cabalga en un blanco como la plata?
Atuendo que averguenza a las estrellas cruzando la noche
Casco escudo y su corsé,todo destello
Como un cruzado salido de un sueño a la deriva
Sobre un burro brincando herrado con llamas
Asciende,heraldos del pasado,rebuznad en adelante su nombre
Versión Original
But who is this who rides in silver white
Attire that shames the stars across the night?
Helmet and shield and corselet all a-gleam,
Like some crusader from a drifting dream
Upon a prancing jackass shod with flame—
Rise, heralds of the past, bray forth his name
De nuevo os traigo un nuevo poema de corte fantástico en esta sección. Este poema escrito por la poetisa Christina Rosetti(1830-1894) fue recopilado junto con otros de sus primeros poemas en el libro "Goblin Markets and Others Poems". Como siempre os dejo un tema musical para acompañar la lectura del poema.
En esta sección vuelve el Maestro H.P Lovecraft. Dos poemas escritos de su puño y letra acompañados por un tema musical para lograr un ambiente acorde a la temática del poema. A disfrutarlos.
Azatoth
El demonio me arrastró por el vacío sin sentido.
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
Hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
Sino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad
Cosas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban
En vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
-Yo soy Su mensajero-, dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.
Lin Carter (1930-1988) Escritor norteamericano de Fantasía y Ciencia Ficción fué uno de los colaboradores para continuar las aventuras de Conan el Cimmerio, personaje ícono del gran Robert E. Howard. Os dejo con un poema vibrante y como para ambientar la épica os traigo una canción acorde espero para ello. ¡A disfrutarlo!
CANTO DE
MUERTE DE
CONAN EL
CIMMERIO
El camino era largo,
el camino era áspero
Y el cielo era frío y
gris;
La blanca luna era un
bloque congelado
En el pálido albor y
sin color de la mañana;
Pero ladrón y
protituta, rey y guardia...
Guerrero, mago,
bribón y bardo...
Todos se acompañaban
por el camino.
El viento era
cortante como un cuchillo afilado
Mientras soplaba
desde los mares salados,
El viento de la tempestad
resucitaba a una apariencia de vida
A los oscuros
esqueletos de los árboles;
Pero yo bebía el vino
espumante de la vida...
El vino del saqueo y
del bramar y de la lucha...
Hasta la última gota
amarga.
De joven, vine del
Norte salvaje a la ciudad
De la sed y el
pecado, con la antorcha y el acero,
Con la sangre y las
llamas
Me gané lo que un
hombre puede tener;
Sí, jugué y gané en
el juego del demonio...
Tuve esplendor y
gloria, y fama fulgurante
Y me reí ante el
guiño de la muerte.
Y hubieron adversarios
que combatir y asesinar..
Y coronas que
conquistar y desechar...
Y amigos de quien
fiarse...
Y labios que devorar
con brama...
Y cantos con los que
ahuyentar la oscura noche...
Y vino que beber
hasta el despuntar del día...
¿Qué importa si al
final, todo será polvo?
Yo me he ganado mi
parte de vuestras gemas y vuestro oro
Pero ellos se reducen
a polvo;
Me he regodeado con
lo mejor que ofrece la vida;
Y que el demonio se
guarde el resto.
La fosa es profunda,
y la noche es fría...
El mundo es un cráneo
de moho maloliente...
¡Y yo me río de
vuestros miserables dioses!
El sutil camino se
devana en un pueblo maldito,
donde hasta la tierra
es árida y negra
pero nosotros somos
una banda alegre y gozosa,
que no eligió la vida
más fácil:
asaltos, saqueos e
incendios...
y la vida a mi
derecha me acompaña, riendo...
y la muerte cabalga a
mis espaldas.
El camino era
polvoriento y áspero y largo...
Crom, pero un hombre
se seca...
Yo estoy cansado y la
muerte es fuerte...
Pero la carne nace
para morir.
¡Salve, oh dioses!
Fue una brigada alegre
la que me acompañó
con cantos y con brío...
bajo un cielo sin
estrellas.
He escuchado monjes
gordos y astutos
Hablar de cómo las
almas de los condenados
Se retuercen y gimen.
Este paraíso, ellos
lo pueden comprar y vender
A cambio de oro y
sólo de oro;
En las llamas, las
escrituras y también los monjes
Yo bajo hacia la boca
escarlata del infierno...
¡A la conquista del
trono del demonio!
Me he enfrentado a la
vida con audacia y sin miedo...
¿Debo acaso vacilar
al acercarse la muerte?
La vida es sólo un
juego que he jugado
Con la muerte, año
tras año;
¡Saludos, oh
valerosos amigos que he conocido
y esclavos y
guerreros y ágiles jovencitas!
No lamento ningún
paso del sendero que he recorrido...
En esta sección sobre poesía os traigo un poema sobre el monstruo de los abismos marinos por excelencia del poeta Alfred Tennyson. Como es habitual pongo una canción para crear ambiente en la lectura.
El Kraken
Bajo los truenos de las superficie,
en las grietas del mar abismal,
el Kraken duerme su antiguo sueño sin sueños.
Pálidos reflejos se agitan alrededor
de su oscura forma;
vastas esponjas de milenario crecimiento y altura
se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza,
pulpos innumerables y desmedidos baten
con brazos gigantescos
la verdosa inmovilidad,
desde secretas celdas y grutas maravillosas.
Yace ahí desde siglos, y yacerá,
cebándose dormido de inmensos gusanos marinos
hasta que el fuego del Juicio Final consuma la hondura.
Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles,
Os traigo otro poema de uno de los maestros indiscutibles de la literatura fantástica:Robert E.Howard. Espero que os guste el tema musical que he elegido para crear el ambiente que se merece el poema.
En esta sección como viene siendo habitual os dejo un par de poemas acompañados de música ambiental. Esta vez los poemas son del maestro del horror y el suspense: Howard Phillips Lovecraft.
El Libro
El lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
en un laberinto de viejas callejas junto a los muelles,
que olían a extrañas cosas venidas de ultramar,
entre curiosos jirones de niebla que dispersaba el viento del oeste.
Unos cristales romboidales, velados por el humo y la escarcha,
apenas dejaban ver los montones de libros, como árboles retorcidos
pudriéndose del suelo al techo... huellas
de un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.
Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
cogí el volumen más cercano y lo leí al azar,
temblando al ver las raras palabras que parecían guardar
algún arcano, monstruoso, para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo y taimado vendedor,
sólo encontré el eco de una risa.
Hesperia
El ocaso invernal, refulgiendo tras las agujas
Y las chimeneas medio desprendidas de esta esfera sombría,
Abre anchas puertas hacia algún año olvidado
De viejos esplendores y deseos divinos.
Futuras maravillas arden en aquellos fuegos
Llenos de aventura y sin sombra de temor;
Una hilera de esfinges señala el camino
Entre trémulos muros y torreones hacia liras distantes.
Es la tierra donde florece el sentido de la belleza,
Donde todo recuerdo inexplicado tiene su raíz,
Donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo
Por el vasto abismo en sueños de horas iluminadas por las estrellas.
Los sueños nos acercan... pero un saber antiguo
Repite que el pie humano jamás ha hollado sus secretos.
Os traigo un poema sobre Sherlock Holmes, el famoso detective referencia fundamental de la novela policiaca hasta nuetros días. Jorge Luis Borges plasma en el poema su particular homenaje a la criatura de Arthur Conan Doyle. También os dejo música de ambiente para mayor disfrute.
Sherlock Holmes. Jorge Luis Borges
No salió de una madre ni supo de mayores.
Idéntico es el caso de Adán y de Quijano.
Está hecho de azar. Inmediato o cercano
lo rigen los vaivenes de variables lectores.
No es un error pensar que nace en el momento
en que lo ve aquel otro que narrará su historia
y que muere en cada eclipse de la memoria
de quienes lo soñamos. Es más hueco que el viento.
Es casto. Nada sabe del amor. No ha querido.
Ese hombre tan viril ha renunciado al arte
de amar. En Baker Street vive solo y aparte.
Le es ajeno también ese otro arte, el olvido.
Lo soñó un irlandés, que no lo quiso nunca
y que trató, nos dicen, de matarlo. Fue en vano.
El hombre solitario prosigue, lupa en mano,
su rara suerte discontinua de cosa trunca.
No tiene relaciones, pero no lo abandona
la devoción del otro, que fue su evangelista
y que de sus milagros ha dejado la lista.
Vive de un modo cómodo: en tercera persona.
No baja más al baño. Tampoco visitaba
ese retiro Hamlet, que muere en Dinamarca
que no sabe casi nada de esa comarca
de la espada y del mar, del arco y de la aljaba.
(Omnia sunt plena Jovis. De análoga manera
diremos de aquel justo que da nombre a los versos
que su inconstante sombra recorre los diversos
dominios en que ha sido parcelada la esfera.)
Atiza en el hogar las encendidas ramas
o da muerte en los páramos a un perro del infierno.
Ese alto caballero no sabe que es eterno.
Resuelve naderías y repite epigramas.
Nos llega desde un Londres de gas y de neblina
un Londres que se sabe capital de un imperio
que le interesa poco, de un Londres de misterio
tranquilo, que no quiere sentir que ya declina.
No nos maravillemos. Después de la agonía,
el hado o el azar (que son la misma cosa)
depara a cada cual esa suerte curiosa
de ser ecos o formas que mueren cada día.
Que mueren hasta un día final en que el olvido,
que es la meta común, nos olvide del todo.
Antes que nos alcance juguemos con el lodo
de ser durante un tiempo, de ser y de haber sido.
Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una
de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte
Posteo un gran poema escrito por Robert E. Howard en 1932, el creador de Conan sobre la tierra natal del personaje. Os pongo también una canción como posible ambiente para mayor disfrute del poema.
Cimmeria Yo recuerdo los bosques oscuros que cubrían los cerros sombrios; la perpetua bóveda de nubes grises, los turbios arroyos que bajaban silenciosos, y los vientos que susurraban por los desfiladeros.
De horizonte en horizonte, de cerro en cerro, de ladera en ladera, cubierta por árboles tristes, asi era nuestra adusta tierra.
Asi, cuando un hombre trepaba a un pico escarpado y oteaba, solo veia el horizonte interminable, de cerro en cerro, de ladera en ladera, todos ellos del mismo color.
Tierra triste, que parecia reunir a los vientos, nubes y sueños que rehuyen al sol, las ramas agitadas por el viento solitario y, por doquier, los bosques oscuros, olvidados por el palido sol; que de los hombres arrancaba chatas sombras; la llamaban Cimmeria, tierra de Oscuridad y Noche.
Fue hace tiempo, lejos de aqui. He olvidado el nombre que me dieron los hombres. El hacha y la lanza de punta de silex son como un sueño, y las cacerias y guerras una sombra.
Solo recuerdo la quietud de esa sombria tierra; las nubes eternas sobre los cerros, la media luz de los bosques eternos. Cimmeria, tierra de Oscuridad y Noche profunda.